Hasta cierto grado, las sensaciones internas de ansiedad e inquietud son completamente normales e inherentes a nuestra condición como seres humanos, desde el momento en que nacemos en este mundo. Desde la infancia, estamos sujetos a tantas experiencias nuevas que luego tenemos que absorber internamente. Por esta razón, la niñez y la infancia constituyen momentos críticos en nuestro desarrollo.
A medida que vayamos creciendo, la gente nos pregunta: "¿cuántos años de edad tiene?"
¿Cuántos años tiene para qué? Digamos que usted tiene solamente 3 años de edad. ¡Pero desde el momento en que nació, tiene la suficiente edad como para morirse! ¿No es esto bastante angustiante en sí mismo?
Por lo tanto, esta sensación de ansiedad se convierte en uno de los compañeros que todo ser humano conoce bien: es lo que llamamos la "ansiedad real".
¿Pero cuándo podemos decir que esta emoción se convierte en algo problemática o incluso inquietante?
Cuando de repente aparece "automáticamente", sin ningún indicador o signo previos, y arrastra todas nuestras defensas psíquicas, dejándonos con un sentimiento de impotencia, produciendo otras emociones tales como la fragmentación, la desintegración, la disolución, el sentirse sin fundamento, la debilidad y hasta la sensación de inutilidad.
Una cosa es tener ansiedades comunes y corrientes, pero es otra estar continuamente molesto por las sensaciones desagradables de inquietud o indisposición. Estas pueden asaltar al individuo en cualquier momento, sorprendiéndole, produciéndole todo tipo de síntomas, desde las inhibiciones simples o complejas que puedan perjudicar las actividades diarias, hasta los dolorosos y terribles ataques de la desintegración del yo.
Con mayor frecuencia, la gente intenta dar razón de su dolor de forma automática, buscándole un motivo; así se denomina, en el psicoanálisis, la 'racionalización', o sea el intento de hacer más soportable el dolor, evitando inconscientemente el núcleo de la situación. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos motivos sólo son causas secundarias. Habría que buscar el verdadero, mediante el "trabajo parlante" dentro de una relación psicoanalítica, que podría ayudar a descubrir los hechos subyacentes "misteriosos".
Hay muchas "causas" de la ansiedad permanente; algunos son fácilmente entendibles y llegan a ser disponibles para el tratamiento y el alivio consiguiente, mientras que otras se encuentran a un nivel más profundo o han permanecido reprimidas dentro de la personalidad del individuo, sin tratamiento específico. Todas ellas son potencialmente "comprensibles", y es importante hacer frente a ellas, para que no se les permita transformarse en dolor psíquico, orgánico, lo que sucede muy a menudo.
Además, es evidente que existen diferentes grados de angustia y sentimientos o reacciones de ansiedad, dependiendo de los antecedentes personales y el nivel educativo, así como las relaciones parentales.
A veces este grado de ansiedad se presenta con una variedad de síntomas, tales como las fobias o las fantasías de enfermedad corporal y en otros casos se mantiene suelto, en estado latente, esperando una causa inconsciente para desencadenar un episodio. Pero si produce cualquier daño corporal, es recomendable el tratamiento inmediato de la angustia.
Cuando se haya estructurado el síntoma psíquico, como en el caso de las fobias o incluso algunas adicciones u obsesiones, luego viene la tarea de luchar contra estos síntomas, llegando a ser el objetivo más importante que requiere bastante energía, que se va agotando la fuerza y los recursos potenciales a la persona.
Tanto la ansiedad realista, de la que es posible liberarse y seguir adelante con la vida, como la ansiedad automática o traumática, que le dará a uno la sensación de no tener la menor tranquilidad de ánimo: en ninguna parte, con nadie en ningún momento, no importa lo que uno haga para evitarlo, a la víctima se le produce un estado de indefensión, donde resultan inútiles todos los esfuerzos para hacer frente a los desafíos y actividades diarios de una manera eficaz y agradable.
Por lo tanto, ¿qué es lo que ofrece el psicoanálisis? Tal vez un sistema no simplemente para aguantar, sino suavizar o mitigar este dolor y hasta deshacerse de este tipo de sufrimiento.
El tratamiento con un especialista en el psicoanálisis, durante un período de tiempo, permitirá que esta ansiedad descubra y/o cree las raíces simbólicas y permitirá la recuperación de los recursos psíquicos perdidos. De esta manera se puede llevar a cabo un verdadero enriquecimiento en la vida de la persona que sufre, así como una sensación de ingeniosidad y de curación, abriendo nuevas posibilidades de enfrentarla con más placer.
ARROJAR UNA LUZ DIFERENTE SOBRE LA DEPRESIÓN
La desesperación, la indefensión, la desesperanza … estas son palabras que solemos usar cuando hablamos y escribimos de la depresión. La ahora famosa frase de Winston Churchill, "el perro negro" se ha usado bastante por su economía de expresión gráfica. Los pacientes con depresión a menudo hablan de los "agujeros negros". Esta frase también transmite sucintamente la negritud y las capacidades - prestadas del mundo de la física – de atraer y aplastar todo, absorbiendo toda la luz. La depresión ocasiona esta forma particular de la desesperanza – que no volverá nunca la luz y la liviandad; la "luz" en el sentido de algo que nos permite ver, y la "liviandad" en el sentido de un alivio para la pesadez.
Lo que se espera, es poder transmitir que nosotros los psicoanalistas dependemos mucho del lenguaje para que los pacientes nos describan con las palabras y frases a su disposición lo que significa para ellos sufrir de depresión. Sin embargo, a veces nuestro lenguaje es insuficiente para la tarea de transmitir los sentimientos internos. La angustia es un término más fuerte para el dolor mental. ¿Dolor mental? Sí, un dolor tan real como el dolor físico. El término anticuado, la "melancolía", intentaba definirlo.
El dolor de la "depresión" puede tomar muchas formas: el cansancio, la desesperanza, la indefensión, la desesperación, la tristeza inexplicable, el desinterés, la apatía, la sensación de vacío, la indecisión y así sucesivamente.
Todos somos cómodos con esa parte del cerebro y la mente la que hace ejercicios de aritmética mental y que tiene recuerdos. Pero hacer referencia a la parte de la mente que nos duele no es tan fácil. El por qué y cómo la mente nos causa dolor es mucho más difícil de entender.
El “psych-ache” (o sea, el dolor de la psique), fue una frase acuñada por un artículo escrito hace unos años sobre el tema del suicidio.
El “psych-ache” ocurre cuando nuestra psique nos produce dolor. Es muy diferente del "dolor de cabeza". Estamos lo suficientemente familiarizados y cómodos con el prefijo "psiqu" o “psic” cuando se utilizan en la “psiqu-iatria” y la “psic-ología”; quizás menos cómodos con la “psico-terapia” y el “psico-análisis”. Pero gracias a los esfuerzos de los psicoanalistas, ahora podemos mejor entender el lenguaje y las descripciones de los pacientes cuando hablan de lo que significa sufrir de depresión – y si se escucha a una persona con la suficiente sensibilidad y el suficiente tiempo, suele ser posible averiguar por qué está deprimido.
Cuando se trata del sufrimiento de la persona individual, tan solo la relación existente que se forma con el analista puede revelar lo que está sucediendo en la mente de esta persona y en su propia experiencia de la vida.
Sin embargo, si el dolor mental y la angustia que el paciente describe no caigan en un modelo fácilmente reconocible, será necesario hablarlo y escuchar más hasta el momento en que, tanto el analista como el paciente, lleguen a un mayor entendimiento de su dolor psíquico.
Para todo esto se necesitan tiempo y paciencia. A menudo es difícil encontrar la palabra adecuada y, por su propia cuenta, resulta una tarea dolorosa la exploración de las posibles razones por las cuales uno padece de depresión.
Reconozcamos que existen algunos modelos de los síntomas de depresión que son relativamente fáciles de entender y que responden bien a la medicación o a las técnicas cognitivas. ¿Pero qué pasa con los demás?
La experiencia clínica de los psicoanalistas sugiere que "los demás" se dividen en dos grupos: las depresiones por pérdida y las depresiones por no haber tenido (suficiente). Las pérdidas y privaciones quieren decir: las pérdidas de los padres, los hijos, los cónyuges y otras relaciones importantes; las pérdidas de trabajo o las pérdidas de la autoestima; las pérdidas de la movilidad o incluso de partes del cuerpo, como consecuencia de enfermedad o accidente. Lo óptimo sería que pasemos por un período de luto y de pesar por nuestras pérdidas, pero con demasiada frecuencia, los sentimientos contradictorios complican el duelo y el pesar, haciendo que el dolor se oculte en el interior donde puede destruir nuestro bienestar.
Las "depresiones por pérdida" son a menudo difíciles de identificar, debido a las mismas razones por las cuales resultaron demasiado dolorosas de resolver en primer lugar: hacen que el dolor se disfrace y se oculte de la conciencia – no necesariamente en el sentido de la conciencia de los "hechos", sino la conciencia de su relevancia hacia el sufrimiento. Para poder hacer conexiones entre la aparición de los síntomas depresivos y un episodio anterior de pérdida, requiere mucha sensibilidad de parte del clínico en el momento de escuchar al paciente. A veces muchas pérdidas menores y mayores se producen en un corto espacio de tiempo, lo cual puede abrumar de forma cumulativa la capacidad para digerirlas.
Las "depresiones-por-no-haber-tenido" son problemas de duración mucho más larga, cuando la personalidad entera está y ha estado "deprimido", impidiendo a la persona tomar las oportunidades en la vida y realizar su potencial.
El suicidio entre los jóvenes, un ejemplo trágico de este potencial no realizado, a menudo ocasiona tal sentimiento intuitivo de desesperación y desesperanza y, a veces la baja autoestima, que no se pueden articular. La comprensión suele llevar consigo el alivio del sufrimiento y, sin duda, nos ofrece una mejor perspectiva. Una vez más, la relación que se desarrolle en el análisis es el vehículo que proporciona oportunidades de cambiar los comportamientos contraproducentes.
De esta manera, resulta necesario someterse a una cantidad suficiente de sesiones de terapia con un psicoanalista para tratar de comprender y, a continuación, resolver estos problemas. ¿Cuántas son "suficientes"? La respuesta varía de persona a persona. Pero, por lo menos, para tener la posibilidad de entender y luego aliviar la depresión, se requieren las suficientes sesiones para llegar a sentirse que el psicoanalista sea capaz de "arrojar luz" sobre la pesadez y de ofrecer la esperanza en la continuación del proceso psicoanalítico.
Con frecuencia, para muchos, el motivo de buscar el tratamiento es la experiencia del descontento persistente en la vida: experimentan un sentimiento de vacío y aburrimiento y incluso la sensación de nihilismo. Es posible que hayan experimentado varias relaciones insatisfactorias – o que les haya resultado imposible formar relaciones de cualquier tipo.
Tales personas encuentran que no derivan ningún placer del trabajo y se sientan desesperados acerca de cómo mejorar esta situación.
Es posible que estas personas no se consideren estar "deprimidos" – aunque comparten muchas características con aquellas a las que se les podría diagnosticar como depresivos: la falta del disfrute, la inapetencia, los problemas para dormir, la falta de una relación sexual placentera - ¡poco interés en nada en absoluto! Estas personas incluso pueden ser diagnosticadas de depresión clínica y a lo mejor se les ofrezcan los medicamentos antidepresivos.
Sea lo que sea la causa de esta insatisfacción crónica, no responde a los medicamentos antidepresivos. Las causas subyacentes y explicaciones sólo se pueden alcanzar en el contexto de una relación terapéutica que se guía analíticamente, en la que las experiencias actuales de la persona, así como sus experiencias pasadas, se exploran dentro de la seguridad y confidencialidad de la relación terapéutica.
Se necesitarán tiempo (y valentía) – pero así hay la esperanza de lograr la satisfacción y el sentido de propósito en la vida.
Los problemas de abuso de sustancias y otras "adicciones" son – por desgracia – muy extendidos y pueden tomar muchas formas. El abuso del alcohol es probablemente lo más común, pero el uso y abuso de las drogas ilegales, así como el abuso de medicamentos recetados, también representan problemas graves.
Además, es muy probable que la participación descontrolada en los juegos de azar sea una adicción.
Consideremos la palabra "adicción": no pensamos de inmediato en los trastornos de la alimentación como las adicciones en sí mismas, [véase también: los trastornos de la alimentación] – o en las adicciones a las compras – ¡o en la adicción al sexo!
Sin embargo, todos estos comportamientos, que son normales cuando se llevan a cabo dentro de unos límites aceptables (o sea, que no causen daño), pueden entenderse como "adicciones" cuando llegan a estar “fuera de control". Resulta problemático que la persona que "padece" de la adicción a menudo se encuentra en estado de negación fuerte hacia el carácter perjudicial de su comportamiento, así que es necesario que se da cuenta con la ayuda de una persona próxima que, de hecho, puede estar sufriendo a causa de los daños causados, ya sean por la violencia (debido al alcohol o las drogas), la pérdida del dinero (debido a los juegos de azar), los cambios de personalidad (debido a casi cualquiera de las adicciones) y así sucesivamente.
Las parejas y los hijos de los "alcohólicos" y los "adictos" suelen llevar el peso del trastorno del adicto, así como los compañeros de trabajo.
En nuestra sociedad, casi todo el mundo - desde los profesionales sanitarios, los políticos, los ministros de religión, la policía, los magistrados y los jueces, los "ex-toxicómanos" y el hombre de la calle – todos tienen sus propia opinión sobre las adicciones: estas opiniones varían de “la adicción-como-enfermedad-médico” a “la adicción-como-fallo –moral”.
Los psicoanalistas difieren de casi todos los anteriores en su opinión que todas las formas de adicción son potencialmente comprensibles.
Si hacemos una sustitución de palabra sutil, pero importante, de "adicción" por "compulsión", a continuación cabe preguntarse por qué una persona se ve obligado inconscientemente a abusar del alcohol, las drogas, los juegos de azar, la comida, las compras, etc. a fin de controlar los sentimientos desagradables e insoportables relacionados a su vida personal. Están, de forma "perversa", ‘automedicándose’ o aliviándose a través del mal uso de estas actividades humanas que, por lo demás, suelen ser normales.
La persona motivada, que desee tener lo suficiente valor como para explorar las razones de su uso de cualquiera de estas "adicciones" con un psicoanalista capacitado, casi seguramente llegará a una comprensión de lo que le "lleva" – o lo que, en realidad, le obliga – caer en estos modelos de comportamiento que son, en definitiva, altamente autodestructivos. Los psicoanalistas consideran que el hacer consciente de lo que previamente fue inconsciente ofrece al paciente tanto el aumento del sentimiento de bienestar, como la esperanza de cambiar el comportamiento – los cuales constituyen los primeros pasos hacia la curación.
El significado psicológico de un determinado comportamiento adictivo varía considerablemente de una persona a otra. El comportamiento puede tener un significado simbólico – o puede ser un tipo de actividad de desplazamiento; puede servir de sustituto de otra necesidad importante – o puede tener un propósito destructivo. Esto, de ninguna manera, agota todas las posibilidades.
Un problema común a todas las formas de comportamiento adictivo es que, demasiado fácilmente, estorba la auto-reflexión. ¡De hecho, la adicción es el enemigo de la reflexión! Es demasiado fácil emborracharse, estar de parranda, ir de “juerga", ir de "borrachera", darse una “dosis" o meterse un “tiro" y así sucesivamente, hasta tal punto que dificulta la idea de realizar una exploración psicoanalítica de los problemas cuando uno está activamente bajo la influencia de su adicción. A menudo es aconsejable un período de desintoxicación o "desalcoholización" en conjunción con la decisión de someterse a un tratamiento psicoanalítico.
Sin embargo, la comprensión ofrece la esperanza de poder controlar conscientemente las fuerzas previamente "misteriosas" que influían en el comportamiento. También, la relación psicoanalítica arrojará luz sobre muchos aspectos importantes de los problemas personales con, es de esperar, el fin de resolverlos.
La combinación de valor y motivación, junto con las habilidades del psicoanalista, ofrece la mejor esperanza de librarse de los aspectos compulsivos de cualquiera de los trastornos adictivos.
Hoy en día, los trastornos alimentarios son endémicos, uno podría decir casi epidémicos, en los países más ricos. A pesar de todos los avances que las mujeres hayan logrado en términos de la libertad de expresión; la cultura actual, que demanda que las mujeres sean delgadas y en buena forma, ha sido una causa de infelicidad para muchas a quienes les resulta difícil estar tratando de bajar de peso continuamente. Se han observado los síntomas siguientes: la ansiedad aguda, la depresión, la baja autoestima; el privarse de comida y/o el comer en exceso. Las píldoras de dieta, los diuréticos y laxantes, y el fumar cigarrillos para adelgazarse, así como la cirugía plástica y la liposucción. (Aunque la mayoría de las víctimas son mujeres, muchos hombres de hoy también están afectados por este imperativo.)
Una exploración psicoanalítica puede permitir intentar comprender las razones innumerables por las cuales una persona se haya "enganchado en" una demanda cultural que no sólo es insalubre, sino que a menudo es físicamente imposible. Junto con un psicoanalista se puede explorar las raíces ocultas y a menudo inconscientes de la necesidad de conformarse y no salir de la multitud. Se puede explorar el alcance de la "oralidad", el significado que tienen los alimentos desde la infancia, la historia particular de la tibieza materna y la de otros, los sentimientos de ser amado o no, de merecer la aprobación o no. Se puede explorar además la "analidad", o sea, el significado del alimento como objeto que se retiene o que se elimina y la propensión temprana a la negatividad y la necesidad de control sobre las funciones corporales. Los modelos de la pasividad o la rebeldía se establecen desde el principio. Se pueden explorar los antecedentes sanos y no tan sanos de las relaciones con el sexo opuesto, en el contexto del amor y la aprobación paternos (que suelen relacionarse con el ser "gordo/a" o "delgado/a".) Lo que se hace para ganar el amor está formado desde el principio en relación con los padres y el tener su amor, el sentirse atractivo y agradable según su mirada. Esto puede referirse a los primeros años además de los tormentosos años de la adolescencia.
Durante el tratamiento psicoanalítico, se le ofrece al paciente la oportunidad de examinar los sentimientos y fantasías acerca del analista con el fin de mejor entender lo que se repite de las relaciones tempranas y lo que ocurre en las relaciones fuera de la situación analítica. Los psicoanalistas consideran que los trastornos alimentarios tienen mucho que ver con las fantasías inconscientes que se centran en la obtención del amor de los demás, manteniendo su atención, consiguiendo que le miren el cuerpo con el fin de consolidar la imagen del cuerpo de la persona mirada – o incluso pueden centrarse en una expresión de ira hacia otros significantes.
El descubrimiento de soluciones físicas y psicológicas sanas, para toda la vida, es el objetivo del tratamiento psicoanalítico.
Si bien las teorías psicoanalíticas son de gran valor para la comprensión de la "naturaleza humana" de por sí, y de sus productos culturales en los campos de la literatura, el teatro y, especialmente, el cine; para las personas individuales, que se encuentren perturbadas por sus propios sentimientos y comportamiento angustiantes, su valor es imprescindible.
Las personas que son gravemente y crónicamente ansiosas o deprimidas; las que tienen repetidas dificultades en llevar una relación, o las que tienen dificultad en formar cualquier tipo de relación; o las personas que perciben un vacío inexplicable en sus vidas, pueden beneficiarse significativamente del tratamiento psicoanalítico
El psicoanálisis ocupa un lugar muy complicado en el mundo actual: tiene mucho que ofrecer en cuanto a ayudarnos a comprender el "ser" propio, además de cómo funciona la mente propia– ¡así como mejor entender cómo funciona la mente ajena!
Sin embargo, el psicoanálisis de por sí nos conduce hacia territorios que a menudo son amenazantes y nefastos.
Cuando Sigmund Freud descubrió el "Psicoanálisis" como técnica de tratamiento, a principios de los 1900, entiende bastante rápidamente – a través de su trabajo clínico con sus pacientes – que sus conclusiones iban a "perturbar el mundo". Resultó cierta su percepción y hasta el día de hoy, la sola mención de la palabra "psicoanálisis" conlleva una respuesta hostil de parte de mucha gente.
No obstante, para aquellos que tengan la suficiente valentía para persistir – ya sea como pacientes, o como estudiantes de la mente humana, les resultarán provechosos sus intentos de comprender lo que nos ofrece el psicoanálisis.
El psicoanálisis de por sí ahonda en el mundo de la mente inconsciente. Parte del principio que nuestras primeras experiencias – sean de cualquier carácter – influyen fuertemente en el desarrollo de nuestras mentes y nuestras interacciones con las personas a nuestro alrededor.
Muchos importantes psicoanalistas han contribuido a la comprensión del desarrollo mental y la operación de los procesos mentales – especialmente los que se denominan los ‘mecanismos de defensa’ – y la comprensión de cómo éstos últimos nos ayudan a enfrentar el mundo que nos rodea. Aunque la palabra del "psicoanálisis" se asocia de una forma casi automática a la figura de "Freud", de esta forma no se reconocen los numerosos avances en la teoría y la técnica que son el resultado de la labor terapéutica y la investigación psicoanalíticas a través de los últimos 100 años.
Más aun, los psicoanalistas han trabajado con pacientes muy perturbados, que muchos psiquiatras habrían diagnosticado de "psicóticos". Pero si ambos, paciente y psicoanalista, tienen la motivación y el valor necesarios, pueden obtener buenos resultados. Hoy en día, a veces se utilizan los medicamentos en colaboración con el tratamiento psicoanalítico, aunque el tratamiento depende en mayor parte de la relación que se desarrolla con el analista.
Se encontrará más información sobre el psicoanálisis y lo que le puede ofrecer en otras "páginas" de este sitio web.
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