El 1° de agosto de 2009, en la sesión de clausura del Congreso Internacional de la API celebrado en Chicago, Charles Hanly pronunció el siguiente discurso como nuevo Presidente de la API:
Durante buena parte del siglo XXI, Freud capturó el interés y la imaginación del mundo ilustrado. Gilbert Ryle, filósofo de Oxford, lo describió con precisión como “uno de los genios que ha producido la psicología”. Y es esta genialidad, conjuntamente con las complejas verdades a partir de las cuales edificó el psicoanálisis, lo que permitió a Freud realizar sus hallazgos, sin pretensiones y arriesgándose al ridículo, siguiendo la magnífica tradición de Copérnico y Darwin. Todos ellos tienen en común que sus hallazgos constituyeron ofensas al narcisismo humano. El interés que Freud despertó fue motivado por sentimientos diversos y contradictorios: en ocasiones fue hostilidad e indignación, en otras oportunidades, entusiasmo tendiente a la idealización, y otras veces, curiosidad, gratitud y admiración por los conocimientos que produjo. Pero lo importante es que concitó un enorme y vivaz interés a su alrededor. La genialidad de Freud llevó el psicoanálisis a los consultorios, las universidades, las publicaciones y las producciones culturales de todo el mundo. Lamentablemente, por lo menos en las dos últimas décadas, el psicoanálisis ha venido siendo confinado cada vez más a los consultorios de los psicoanalistas. Hay excepciones. El psicoanálisis puede no estar prosperando actualmente en las facultades de medicina como lo hiciera alguna vez, pero continúa creciendo con fuerza intelectualmente y de diversas maneras en los seminarios y clases de las facultades de artes y ciencias. Sin embargo, la práctica clínica sigue siendo el manantial primordial del psicoanálisis.
Por ello, la retirada hacia el consultorio (como la he llamado) no es problemática en sí misma. Los consultorios de los analistas, los seminarios de nuestros institutos y las reuniones científicas de nuestras sociedades, constituyen los hábitats apropiados del psicoanálisis. Aquellos psicoanalistas que tienen prácticas prósperas, conducen tratamientos exitosos, enseñan en institutos, realizan aportes en nuestras reuniones científicas y colaboran con nuestras revistas científicas, se ganan nuestro respeto y merecen ser imitados. Pero el problema es que en la actualidad son relativamente pocos los analistas que tienen la cantidad de pacientes analíticos que quisieran, y que el declive del número de pacientes no puede ser atribuido a una mejoría general de la salud mental de nuestros conciudadanos contemporáneos. Son extremadamente numerosos los analistas que tienen que complementar sus ingresos con la práctica de la psicoterapia psicoanalítica o de las profesiones que ejercían previamente al psicoanálisis. Los analistas necesitan más pacientes analíticos y la comunidad necesita más analistas. Nuestros institutos requieren más candidatos jóvenes. Nuestra profesión necesita satisfacer estas dispares necesidades. El psicoanálisis es una disciplina clínica, los conocimientos psicoanalíticos se apoyan en la observación clínica y se profundizan gracias a ella. Aquello que constituye una amenaza a la práctica clínica es una amenaza al psicoanálisis en sí mismo.
Algunos podrán decir que este panorama es demasiado pesimista. Esperemos que así sea. Cuando haya más analistas a los que se refieran pacientes, cuando haya más jóvenes profesionales abriéndose camino hacia nuestros institutos, entonces podremos decir que nuestros esfuerzos han dado frutos. Pero incluso si esto ocurre, las iniciativas que pasaré a explicar seguidamente, serán útiles pues se sumarán a nuestras actuales fortalezas y esfuerzos.
Desde luego, podemos optar por diversos cursos de acción. Podemos elegir quedarnos en el camino que al parecer estamos siguiendo actualmente. Siempre será posible y definitivamente más fácil para nosotros continuar nuestro camino con estoica dignidad, reconfortados por la nostalgia y la esperanza de que tendrán lugar accidentes socioeconómicos y culturales benignos que volverán a poner al psicoanálisis en el prestigioso sitial que ocupó en la ciencia, la cultura y las artes curativas en el último medio siglo. O podemos congregar las considerables fuerzas que tenemos y emprender un camino más promisorio hacia una renovación que, como dijo Auden cuando le rindió homenaje a Freud, nos “permita acercarnos al futuro como si fuera nuestro amigo”.
Nuestra dificultad actual deriva de la siguiente pregunta: “¿a quiénes le pasarán la antorcha la siguiente generación de analistas?”. La pasarán a nuestros actuales candidatos, que son cada vez más mayoritariamente personas que tienen más de 50 años. No hace mucho tiempo atrás nuestros institutos se rehusaban a aceptar a alguien que tuviera más de 40 años. Si continuamos así, solo las paradojas de Zenón podrían salvarnos de la extinción. Permítanme decirlo con mayor claridad: los candidatos de más de 50 años no constituyen un problema. Por el contrario, ellos enriquecen el psicoanálisis con la experiencia y madurez que traen consigo. En esto, la necesidad ha sido una buena maestra. Pero, a pesar de lo mucho que tienen estos candidatos mayores que ofrecer, no compensan la relativa carencia de candidatos jóvenes. Necesitamos tanto las entusiastas visiones de los jóvenes inexpertos como la madura sabiduría de la experiencia. Tal vez la necesidad tenga también algo que enseñarnos sobre esto.
Espero poner en marcha procesos que reduzcan en una década la edad promedio de los psicoanalistas. En la búsqueda de este objetivo, es esencial no transigir respecto a los tres componentes de nuestro modelo de formación o a nuestros estándares éticos y profesionales. Porque, al fin y al cabo, el análisis, el psicoanálisis, como disciplina clínica, seguirá existiendo o perecerá según podamos o no aliviar el sufrimiento neurótico de nuestros pacientes y mejorar su calidad de vida.
Para enfrentar los desafíos que acabo de mencionar, propongo la creación de tres comités: un Comité a cargo del Proyecto de Integración Conceptual de la Teoría; un Comité a cargo del Proyecto de Observación y Comprobación Clínica; y un Comité de Proyección a la Comunidad.
Hace mucho que el psicoanálisis se caracteriza por albergar teorías contradictorias, situación que tiene tanto ventajas como desventajas. La ventaja ha sido que el psicoanálisis ha tenido hipótesis alternativas para explorar y comprobar. La desventaja ha sido que la teorización psicoanalítica ha tendido más hacia los debates entre escuelas que hacia investigaciones que puedan disiparlos. Con demasiada frecuencia hemos reemplazado la indagación por combates entre escuelas propios de gladiadores, por más estimulantes que éstos sean en términos narcisistas e intelectuales. Para que una ciencia se desarrolle es esencial explorar posibilidades teóricas mediante el planteamiento de nuevas hipótesis. Si estas hipótesis no son sometidas a la prueba de la confirmación o descarte clínico y factual, terminaremos formando nuevas escuelas. Teorías contradictorias, teorías sobre una misma cosa que no pueden ser todas a la vez verdaderas, son defendidas con una sublime indiferencia por la lógica. La claridad, la sencillez, la coherencia y la verificabilidad se pierden en la oscuridad de ideas vagas, mal definidas, que no son sometidas a prueba.
Este problema ha sido identificado y analizado hace mucho tiempo por Rangell, fue el núcleo científico de los congresos de Roma y Montreal presididos por Wallerstein y lo ha sido nuevamente en este congreso de Chicago sobre convergencias y divergencias en la práctica analítica. El artículo principal y la discusión del último número del International Journal of Psychoanalysis es un ejercicio de esclarecimiento conceptual y técnico de las compatibilidades e incompatibilidades de la teorización y técnica clínica psicoanalítica actual. Resulta apropiado que a la inspiración que ha producido el congreso de Chicago, por la que agradecemos al Comité del Programa Científico, le siga un renovado esfuerzo por enfrentar el problema de la ambigüedad conceptual y la proliferación teórica crónica.
El comité a cargo del Proyecto sobre Integración Conceptual abordará estos asuntos, pero su objetivo no es establecer la ortodoxia o el consenso. Las ortodoxias reprimen las nuevas ideas y el consenso no nos protege de confiar ciegamente en la experiencia. Piénsese, por ejemplo, durante cuánto tiempo nuestra especie creyó erróneamente en el testimonio de sus sentidos respecto al movimiento del sol o la evolución de las especies; durante cuánto tiempo creyó en el testimonio de la introspección respecto a la conciencia como atributo esencial de la psique y la voluntad como única autora de nuestras acciones. El objetivo del comité a cargo de este proyecto es alentar y facilitar la exploración de la siguiente interrogante: ¿Es posible construir una teoría psicoanalítica más integral y coherente a partir de las teorías contradictorias que tenemos actualmente? No es objetivo de este comité construir por su cuenta tal teoría integral. Su tarea es alentar la búsqueda de respuestas a esta pregunta y a las preguntas secundarias en las que ésta se divide; es alentar a nuestros comités científicos a orientarse en esa dirección cuando planeen congresos, conferencias y reuniones en todos los niveles de nuestra comunidad, a los editores y comités editoriales de nuestras revistas, a los colegas que incrementan nuestra literatura científica y clínica, a los colegas que enseñan en nuestros institutos cuando lidian con cuestiones de currículum y a los grupos de trabajos de colegas a nivel internacional, regional, nacional y de nuestras sociedades componentes. La unificación de la teoría psicoanalítica no puede ser legislada por un comité de doce sabios. Es una tarea perpetua para la comunidad de psicoanalistas.
Sin embargo, como nos recuerda la cita de Charcot favorita de Freud: “la théorie est bonne mais ça n’empêche pas d’exister”. La coherencia de una teoría, aunque necesaria, no es suficiente puesto que no establece su aplicación a la realidad. La geometría de Euclides es un paradigma de coherencia y completud, pero se aplica solamente como una aproximación apropiada a pequeñas porciones rectilíneas de la superficie terrestre y no, como sabemos, a los vastos confines del espacio curvo de la naturaleza. Freud consideraba la teoría como un andamiaje que construimos para observar mejor un edificio o, en nuestro caso, la realidad psíquica de las vidas personales. Nos advirtió respecto al riesgo de confundir el andamiaje con el edificio. Solo las observaciones que hacemos de la realidad psíquica con la ayuda de nuestras teorías y técnica pueden revelarnos su naturaleza y, de ese modo, permitirnos evaluar los conceptos que tenemos sobre ella.
Las observaciones clínicas desempeñaron un papel crucial en el desarrollo de la teoría psicoanalítica. Freud modificó su teoría de la seducción, formuló la hipótesis de la sexualidad infantil y adoptó su teoría etiológica dual en virtud de sus observaciones clínicas. Los fundamentos de los conocimientos psicoanalíticos no se hallan en las teorías que construimos acerca de la vida psíquica sino en las observaciones clínicas en las que estas teorías se apoyan. Si la observación clínica permitió a Freud descubrir el psicoanálisis, ¿por qué no sería suficiente continuar el trabajo de descubrimiento, conservación y renovación?
El espíritu del pensamiento metodológico y epistemológico de Freud acerca de la adquisición de los conocimientos brilla en el siguiente pasaje en el que compara el trabajo científico con el clínico:
“El progreso de la labor científica se cumple muy semejantemente a como en el análisis. Emprendemos la labor abrigando determinadas esperanzas, pero tenemos pronto que abandonarlas. La observación nos revela tan pronto aquí como allá algo nuevo, sin que de momento nos sea posible reunir tales fragmentos en un todo. Arriesgamos entonces hipótesis y edificamos construcciones auxiliares, que luego, de no confirmarse, retiramos; hacemos gasto de amplia paciencia; acogemos abiertamente todas las posibilidades, y renunciamos a convicciones anteriores para no desatender bajo su coerción nuevos factores inesperados, y al final todos nuestros esfuerzos hallan su recompensa; los descubrimientos dispersos se adaptan unos a otros; logramos la visión de toda una parte del suceder anímico…” (S.E. 22:174).
La observación clínica es esencial para poner a prueba la teoría y no lo es menos para realizar un buen trabajo clínico. Juzgamos el valor de las interpretaciones en el curso del tiempo observando cómo son tomadas en la transferencia y cuáles son los cambios que las siguen en el proceso asociativo o a qué mejoras han dado lugar en el funcionamiento del yo y en las relaciones extraclínicas, si los hay. Los analistas proceden de este modo cuando buscan las causas de un impasse o cuando, al final de un análisis, resumen la naturaleza y extensión de estos cambios comparándolos con el funcionamiento del paciente al principio del trabajo. Esta comprobación clínica de las interpretaciones que realizan todos los analistas proporciona el campo de trabajo para la evaluación de las explicaciones y las hipótesis que construimos a partir de ellas, para la evaluación del andamiaje que nos permite realizar nuevas observaciones. Continuar desarrollando la teoría psicoanalítica es una tarea a la cual los analistas contribuyen individualmente, pero con la que también debe estar permanentemente comprometida la comunidad psicoanalítica.
Por consiguiente, el Comité a cargo del Proyecto de Observación Clínica y el Comité a cargo del Proyecto de Integración Conceptual se complementan entre sí. En conjunto plasman el famoso aforismo de Kant: “los conceptos sin percepciones son vacíos, las percepciones sin conceptos son ciegas”.
El mandato del Comité a cargo del Proyecto sobre Observación Clínica tiene un doble propósito: primero, explorar de qué manera las observaciones clínicas están siendo utilizadas, pueden ser utilizadas y pueden ser mejor utilizadas para poner a prueba interpretaciones y teorías; segundo, poner a prueba hipótesis y teorías por medio de los métodos de observación disponibles para el psicoanálisis clínico y mejorar tanto dichos métodos como el uso que hacemos de ellos. En conjunto, se pretende que estos comités estimulen y organicen la investigación orientada a la construcción de una teoría y técnica coherente y comprobada clínicamente que esté constituida por los conocimientos más probables que tenemos actualmente. Este trabajo está abierto a nuevas ideas y descubrimientos y es necesariamente de duración indefinida.
Un importante instrumento de los comités a cargo de estos proyectos serán los Grupos de Trabajo de la API creados sobre el modelo de los Grupos de Trabajo de la EPF que están siendo desarrollados actualmente en Sudamérica y Norteamérica. Los Grupos de Trabajo de la EPF tienen las siguientes características principales:
• No están comprometidos metodológicamente desde el principio con ninguna metapsicología o teoría clínica. Su tarea no es desarrollar una teoría o una técnica sino explorar cómo y cuán bien funcionan las teorías y las prácticas.
• Están comprometidos metodológicamente con la investigación más que con el debate.
• Involucran a colegas de diferentes sociedades, orientaciones, etc., en una investigación orientada a profundizar los conocimientos psicoanalíticos y, al hacerlo, contribuyen a profundizar los conocimientos de los participantes. Contribuyen al desarrollo profesional.
Los Grupos de Trabajo que forman parte del comité a cargo de este proyecto de la API tendrán sus propios proyectos y métodos pero buscarán incorporar estas características tan deseables de los grupos de trabajo de la EPF. CAPSA, el Comité de Actividades Científicas sobre Práctica Analítica de la API, ya ha venido apoyando el desarrollo de los Grupos de Trabajo de la EPF en Norteamérica y Sudamérica con los fondos que proporciona para intercambios clínicos y científicos interregionales. Deseo que CAPSA siga funcionando durante el futuro próximo, por lo menos para apoyar los esfuerzos regionales orientados a promover el desarrollo de grupos de trabajo, en colaboración y compartiendo gastos con las organizaciones regionales: NAPSAC, FEPAL y EPF. Como he mencionado ya, los objetivos de los Grupos de Trabajo de la API serán similares a los de la EPF, pero, por necesidad, desarrollarán sus propios métodos de trabajo. Espero crear un Comité de Fondos para Nuevas Iniciativas que apoye financieramente a los Grupos de Trabajo de la API.
Admito que confío en que los comités a cargo de estos proyectos, con el apoyo del Comité de Fondos para Nuevas Iniciativas, nos permitirán avanzar hacia una teoría más unificada constituida a partir de nuestros conocimientos más probables, y que estos conocimientos, formulados claramente, con sencillez pero con profundidad, puedan ser trasmitidos, por lo menos en lo esencial, al público, particularmente a los jóvenes y a los estudiantes. Vivimos en un mundo en el que la mayoría de las personas, incluso las más educadas, todavía no saben con certeza cuáles son las diferencias entre la psiquiatría y la psicología, por no hablar de las diferencias entre el psicoanálisis y la psicoterapia. Es necesario definir mejor quiénes somos y qué es lo que hacemos para que el público lo sepa. Esto será la base sobre la cual podremos proyectarnos a la comunidad de manera más efectiva. Como clínicos debemos atribuirnos el conocimiento de la psique humana con un método terapéutico que ayuda a los pacientes a superar dificultades reales. Por ello, la labor de los comités a cargo de los dos proyectos que acabo de describir está fuertemente ligada con la del Comité de Proyección a la Comunidad.
Existen ya numerosas experiencias efectivas de proyección a la comunidad en las sociedades componentes. Algunas son personales, como las de los psicoanalistas que desempeñan cargos universitarios; otros son societarios, como las clínicas de bajo costo. La labor del Comité de Proyección a la Comunidad será apoyar y multiplicar estas iniciativas de diversas maneras:
• Mantener actualizado un inventario de los programas que existen y ponerlo a disposición de todas las sociedades componentes
• Facilitar la comunicación y colaboración entre las sociedades que necesitan desarrollar cierto tipo de programas de proyección a la comunidad y las que ya los han puesto en marcha.
• Ofrecer asesoría cuando le sea solicitada
• Difundir proyectos de proyección a la comunidad exitosos en los congresos, en el Boletín Informativo y en el sitio web
• Diseñar nuevos proyectos de proyección a la comunidad y explorar su eficacia en colaboración con las sociedades componentes interesadas
De estas y otras formas, el Comité de Proyección a la Comunidad ayudará a las sociedades a desarrollar o fortalecer estrategias orientadas a aumentar el número de pacientes que buscan tratamiento psicoanalítico. Ayudará a las sociedades a atraer más candidatos y de menor edad a nuestros institutos mediante la exploración de nuevos modos de reclutarlos y ofrecerles formación que sea compatible con los requisitos de los tres modelos de formación de la API.
Estas políticas y los nuevos comités que las plasman apuntan a cumplir las promesas que les hice durante el proceso electoral. Me alienta saber que comparto con cada uno de ustedes el compromiso de profundizar el desarrollo del psicoanálisis como ciencia y como práctica clínica. Al trabajar unidos en estos y otros proyectos para el desarrollo del psicoanálisis como ciencia y como profesión, tendremos mayor capacidad de servir a nuestros pacientes, a nuestras comunidades y a nuestra profesión.
[N. del T.] La cita corresponde a la Lección XXXV: El problema de la concepción del universo (Weltanschauung), en Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis. Se ha utilizado la traducción de Luis López-Ballesteros (Sigmund Freud, Obras completas, tomo VIII, Madrid, Biblioteca Nueva; pp. 3200-3201).